Félix Acosta Fitipaldi


Félix Acosta Fitipaldi es un escritor uruguayo de obras de ficción. Sus trabajos contienen elementos diversos   donde el romance, el humor y la trama van dando color a cada una de sus historias. Además de ser esposo y trabajador en una empresa cuyo nombre no quiere acordarse.

Durante los años  2001 – 2011, ha participado en los siguientes concursos:


  • 2001 –“No te será tan fácil” –Premio Ecqus Internacional
  • 2002 –“Tetraedro” -Segundo premio Concurso de cuentos de “El sur también insiste”
  • 2004 –“Senectud acelerada” – Accésit Premio Internacional Julio Cortázar de relato breve de la Universidad de Laguna.

Finalista en cuatro de seis participaciones en los concursos de Yoescribo.com:


  • 2004 -con el relato "Las pantuflas del abuelo".
  • 2005- con el poemario "Amor desamorado".
  • 2006- con el relato "Astrid".
  • 2010- finalista certamen de "Mis escritos"
  • 2011- Uno entre varios ganadores del Concurso Internacional Latin Heritage Foundation de Cuentos sobre la Experiencia Personal del Inmigrante.

Te invitamos a conocer un poco más del escritor Félix Acosta Fitipaldi. ¡Un escritor que no se cuece al primer   hervor, al tener sus objetivos bien planeados!

¡Te invitamos a conocerlo!
¿Quién es Félix Acosta Fitipaldi?
Soy ese tipo discreto al que los vecinos ven realizar tareas diversas en su casa e ignoran que tiene un esqueleto en el armario: escribe.
Mi vida la he desarrollado al margen de la literatura, jamás me ha dado de comer ni he pretendido que lo hiciera. Escribir es una necesidad fisiológica que me alegra y reconforta; tal vez me conforme con poco, pero para mí eso ha sido suficiente.
Lo demás, un hombre común a quien en este ámbito debiera juzgarse por sus escritos y no por logros anexos que no afectan al lector. ¿Tengo cien diplomas universitarios y una fortuna considerable? ¿Me he casado cuatro veces? ¿He sido procesado? De ser sujeto de cualquiera de esos tres casos, y por más que tuviese mucho que decir, ninguna de las posibles respuestas afirmativas a tales preguntas haría más interesantes mis escritos. Así que dejemos primar la verdad: no, ninguna de tales eventualidades me representa, quizás sí a Papalón.
Si te describieras. ¿Cómo lo harías?
Bastante normal y de buen criterio, ávido de conocimientos, explorador, investigador, afable y curioso.
¿Qué valores te describen más a ti?
Mesura, equilibrio, austeridad, modestia.


¿De dónde surgió la pasión de escribir?
Tal vez de los primeros poemas para amores adolescentes y el estímulo de alguna profesora de literatura. ¿El inicio? De niño leía tebeos y los intercambiaba con mis amigos. Una tarde mi padre volvía del trabajo, cansado, agobiado tal vez por el calor y allí estábamos, canjeando comics.
Él se dirigió a mí preguntándome por qué en lugar de leer “eso” no leíamos libros. Me avergoncé y fastidiado le pedí que no interviniera en nuestros asuntos. Él así lo hizo, pero apenas se fue uno de mis amigos dijo que su madre decía lo mismo, a otro no le pareció mala la idea, otro dijo que él había leído alguno y estaba bueno... Vendimos los tebeos y compramos libros, inaugurando una biblioteca barrial. Entonces pude comprender la diferencia entre un comic o una película con un libro. Aquellos me daban una idea digerida, acabada, absoluta e inmutable. El libro dejaba en manos de mi imaginación los acontecimientos y acaso, si luego volvía a leer lo mismo, el resultado mental podría ser diferente. Leímos mucho entonces y tomé una costumbre que jamás abandoné, pero también descubrí que en mi cabeza había cosas también, que eran interesantes y quizá debiera compartirlas. No lo pensé dos veces y así lo hago hasta hoy día.
¿Qué otras pasiones tienes a parte de la literatura?
El arte. Alguna vez, combinando colores y diseños, pinté al óleo. Luego mezclé palabras para componer ficciones y es lo que ahora nos entretiene. Más tarde en la cocina descubrí la enorme variedad creativa que permite ese universo de sabores y fragancias. Adoro la música, pero cantando soy realmente malo. No pierdo película de gran o mediano interés. También me gusta transpirar, trabajar al sol, cortar el césped o reparar un armario. Me gusta hacer cosas.
Cierto día, tiempo atrás, nuestro profesor del taller literario comentó que él era incapaz de hacer algo con las manos, que era torpe hasta para lavar platos. Se ve que lo escuchó un personaje de mi primera novela (Póster busca pared) muy trabajador, pues hizo este comentario:
Me enoja cuando un tipo dice que no sabe hacer nada con las manos. ¿Limpiarse el culo? ¿Eso es todo lo que sabe hacer con ellas; o tampoco? Mira, yo nunca obtuve nada donde no participaran mis manos y si me regalan un número de lotería no lo quiero. Los antiguos sabían de eso: hacían su casa, horneaban su pan, ordeñaban sus vacas, cultivaban sus legumbres y, ¡quién sabe! sudaban su azúcar y su sal. ¡Saboreaban la vida! Porque el sudor es eso, lágrimas de gratitud a la tierra que nos alimenta. Ahora, que nos sobra más tiempo que antes, lo perdemos en cosas superfluas y no rinde. Aquellos no lo perdían en meras distracciones y el tiempo se les quedaba allí, pegado a las obras realizadas. Todavía hasta podían mirarlas, tocarlas, lucirlas en el cuerpo o comerlas. Ese era su tiempo, nunca perdido, siempre ganado
¿En qué te enfocas para poder escribir?
En nada o en todo, el ejemplo anterior indica que de un simple comentario puede nacer toda una argumentación. Siempre hay frases aguardando al personaje adecuado que las diga. Siempre hay personajes necesitados de frases que lo identifiquen dándole impronta.
Además, no sé qué significa hoja en blanco. Sólo vivo y cuando asoma una idea la atrapo, analizo, desmenuzo y preparo para el mejor debut que pueda darle.
Al iniciar como escritor. ¿Qué fue lo más difícil?
Procurar responderme para qué lo hacía y quedar satisfecho.
Mis compañeros más allegados del taller dijeron cosas como: Para... “permanecer” “perpetuarme” “ligar con mujeres” “hacerme rico” “obtener reconocimiento”, “ser famoso”. Y ninguna de esas razones iban conmigo, así que me lo pregunté seriamente. Una sola fue la respuesta: me da satisfacción. Eso era todo. Luego podría abundar: me entretengo, me desafío y respondo a mi propio reto, llevo elementos externos reales hacia mi introspección y dejo testimonio escrito del caldo resultante. A veces, cuando está bien cocido, llego a maravillarme.
¿Cuáles son tus metas por cumplir a largo plazo?
Continuar mi vida haciendo aquello que me permita seguir las huellas de la felicidad. Entiendo que esta respuesta no es muy ambiciosa, pero... (sonrío) una canción de nuestra tierra (Zumba que zumba - Lábranos/Carrero) dice: Para qué soñar despierto con horizontes de luz si una tumba y una cruz, oye mi hermano, es la herencia 'e todo muerto.
No es muy alentadora, por cierto, pero esa óptica atiende mi circunstancia, no tengo veinte abriles sino muchos más. Entiendo que la pregunta apunta a jóvenes y esperanzados escritores.
¿Quiénes son las personas especiales que te acompañan a soñar?
Todas las personas son especiales, todas tienen algo digno de destacar, pero a la hora de soñar quiero estar solo pues me avergüenzo de mis locos sueños. Referido al después, a cuando el plato está pronto y es bueno ver la reacción de quien me lee; la persona que siguió cada uno de mis trabajos ha sido mi madre. No es raro que a ella le gusten todos los escritos de su hijo, pero siempre ha opinado con mesurado criterio, soslayando ponderar en demasía ni criticar sin argumentos válidos.
Aparte de la literatura. ¿Qué te encanta de tus demás profesiones?
He realizado tareas de todo tipo, físicas e intelectuales, y aprendí que la mejor manera de cumplirlas es disfrutándolas. Si bien mi trabajo remunerado trató de administración y diseño gráfico, las tareas físicas de mantenimiento y remodelación necesarias en mi hogar las disfruto personalmente. Es tanto el interés que me despierta cualquier disciplina que no he podido ir a fondo de ninguna, creo que tengo buen nivel cultural, pero especialización, a no ser la necesaria en administración para ganarme la vida, ninguna.
¿Cómo describirías tu novela “La mosqueta”?
Es la novela que nunca pensé escribir. Nació y se desarrolló sola, me afectó como un virus y jugamos juntos más de un año. La quise rara, diferente, tan loca como Lear, ese personaje que nos lleva por sus neuronas tras su extraño amor. En ella pretendí homenajear a The Beatles, ídolos de mi adolescencia, y darle el toque psicodélico de entonces. Lear es como un Norman Bates en potencia comportándose como Winnie-the-Pooh. 


¿Cómo describirías tu novela “El tigre no bala”?
Primero fue un relato. Me pareció que personaje y estilo daban para más y se transformó en trilogía. No conforme con eso me permití encontrar nuevos hilos que de alguna forma fueron enriquecieron la trama, haciéndola más compleja y diversa. Quedó al fin como una serie de relatos novelados cuya continuidad  relativa es de episodios aislados.
¿Cómo describirías tu novela “Jaque de Hackers”?
Es una novela distópica en la cual la ambición y egoísmo del hombre son las causantes del fin de la civilización. También sirve de pretexto para dar una somera idea de la historia de la informática. Su publicación, en virtud a su extensión, determinó algunas podas y que la acortarse en su final, resto que conservé para una segunda parte, ya imaginada pero aún no escrita.
Siento que es mi obra más elaborada. Fue la que me demandó mayor tiempo de investigación, análisis y consultas. Al publicarse en papel en mi país comprendí que sólo puedo ser “medio escritor”, pues odio las presentaciones y la publicidad rebuscada, ostentosa. Todas las contratapas llevan escrito algo así como: “Extraordinaria novela del mejor autor del momento” y loas por el estilo. No podría, aunque fuera cierto, permitir algo así en alguno de mis trabajos.
¿Cómo describirías tu novela “Póster Busca Pared”?
Opera prima. Pasos vacilantes. Historia existencialista de un ser sin identidad que de a poco se la va creando. Brillos y oscuridades, altibajos. La más realista de mis novelas, la más verosímil, de pies en la tierra.
Venía de escribir relatos y algunos poemas cuando la abordé. Me costaba verla crecer y le inserté fragmentos que tenía por allí, quizás (y salvando las distancias) como Sábato en “Sobre héroes y tumbas” introduciendo “Informe sobre ciegos”. Luego quedó demasiado extensa, saqué la mayoría de retazos. La tiré abajo y reconstruí varias veces. Quizás se note durante su lectura lo tan manida que ha sido. De todas formas, creo que su andar vacilante contiene algunas escenas y frases afortunadas. Esto que ha manifestado mi sinceridad no descarta que leerla resulte una experiencia interesante, y hasta deje un efecto residual.
Describe a los protagonistas de   tu novela " El tigre no bala "
Encontramos a su personaje principal en edad ya adulta, pero conservando vestigios de una niñez creativa y fantasiosa. Detective con tendencia al alcoholismo, despistado y enamoradizo. Supongo que Timoteo Yáñez (tal es su nombre) es a la ley y el orden lo que yo a la literatura (confieso que esto no lo había pensado nunca antes, pero así es), exceptuando que él siempre tiene a la suerte de su lado.
Lo rodea una psicóloga rigurosa que, Edipo mediante, se convierte en su esposa y gran ayuda en sus pesquisas; un ayudante daltónico que también es policía por error, lo admira, y es quien narra sus aventuras. Y una fauna heterogénea que hacen al quehacer policial y a los viajeros espaciales, como comprenderá quien ose leerla.
¿Recuerdas alguna anécdota relacionadas a tus novelas?
Cada novela tiene un marco particular detrás, y sucede que viendo la planta no podamos reconocer cual ha sido la semilla, sobre todo en mi caso, que camino el bosque recogiendo frutos silvestres. No tengo una temática preferida, ni siquiera un estilo particular pues me gusta emplear el lenguaje de acuerdo al entorno de la historia.
Un gran dilema me asaltó a la hora de abordar “Jaque de hackers”. Si tres hackers y un intelectual de izquierda son capaces de entorpecer las intenciones del grupo de hombres más poderosos del planeta de seguro no están radicados en Uruguay, mi país de origen y lugar de residencia.
Estos, ubicados en USA, no se comunicarían con locuciones rioplatenses. La opción (intención, quizás) asumida fue desarrollarla en español neutro, alejándome de mi idioma cotidiano y de algún modo quedando al margen de la movida local.
Recién en “La mosqueta” manejé el idioma con pleno localismo, pues en “El tigre no bala” (se desarrolla en lugar no determinado), si bien se acerca al lenguaje rioplatense, resulta un poco ambiguo.
Por haber participado en encuentros y ciclos literarios tengo un puñado de anécdotas risueñas, pero en ellos siempre leí poemas y relatos con principio y fin. Nunca me pareció adecuado (porque me ha ocurrido al asistir a charlas) leer el pasaje de una novela y dejar sobre ascuas al escucha por la mera intención de inducirlo a conseguir el libro.
El primer disco de los Rolling Stones decía algo así al dorso de su caratula: Tienes entre tus manos material que no puedes perder. Corre y pide dinero a tus padres. ¿No lo tienen? No importa, corre a la esquina y roba la limosna de aquél ciego para hacerte con este disco extraordinario. Pero ya, no puedes perdértelo.
Quizás lo anterior sea adecuado desde el punto de vista comercial y sea de algún modo paradigma de la mayoría de las contratapas, pero no es mi estilo.
¿Qué relevancia tienen las portadas y títulos de tus novelas?
En mi caso las portadas tienen inmensa relevancia, tanta como el texto que guardan. Se debe a que también son creaciones propias y me representan de igual modo.
Con los títulos me cuesta dar en el blanco. Reconozco la importancia del título, pero no suelo dar con el ideal. Así, “Jaque de Hackers” pudo haber sido ideal, más en su momento elegí “Carl-Alt-Supr”, que si bien va con la trama poco dice a quién lo observa en la vidriera y generaba dudas en los posibles lectores. “La mosqueta” se inició bajo el título de “Colapso emocional”, aun no podría decir cuál es más conveniente.
¿Cómo invitarías al público a leer tus novelas?
Le pediría que supere el tercio de su lectura (no tendría reparos en dárselos), creo que mi prosa a medida que se avanza en ella crece en velocidad e interés.
¿Estás satisfecho con los resultados obtenidos de tu trabajo como escritor?
Bueno, esta pregunta apunta a una persona que asume con plenitud su calidad de escritor, que vive de escribir y realiza con agrado todas las tareas inherentes a la profesión, o cuenta con un editor que se encarga de todo lo que no sea escribir. Si yo fuese ese diría que no, que para nada.
Pero apenas soy un hombre que escribe y jamás buscó editor o agente literario. Me considero más próximo al diletante que al profesional y eso (aun si un día fuese reconocido) jamás dejará de ser así. Por eso, y ahora referido al sentido puntual de la pregunta: Sí. Cada trabajo me ha satisfecho a la hora de ser firmado, ya ha cumplido su cometido conmigo. Quizás luego, pasada la pasión, la adrenalina, la relectura disminuya mi entusiasmo, pero sólo hasta luego de corregir y volverla a leer. Al fin, si aún no me satisface, caerá al atiborrado cajón de ideas malogradas y Félix a otra cosa.
¿Qué significado especial tiene para ti, cada una de tus novelas publicadas? 
Independientemente del resultado, del éxito o fracaso que puedan lograr, esos trabajos son hijos que la vida me permitió tener. Uno siente amor por sus hijos, más allá de sus defectos o virtudes. Son nuestra imagen, una parte de nuestra carne y nuestro espíritu. Sí evito caer en aquellos errores de otros padres, que los ven con embeleso y pregonan a los cuatro vientos que son los mejores hijos del mundo mientras yo los observo sintiendo la impresión contraria.
A veces, cuando nos reencontramos en una nueva lectura (y van...) descubro alguna mácula que me pasara desapercibida. Por lo general las atribuyo a huellas de un crecimiento personal que me permite apreciar aquello que antes, por ignorancia o inexperiencia no advertí, y las dejo; delante han de aparecer nuevos hitos donde edificar otras construcciones. Quizás, si reuniese una considerable cantidad de errores, o me viese a las puertas de una nueva edición, llevaría adelante los arreglos oportunos.      
¿Qué experiencia te han dejado los concursos donde has participado?
Diversa. Cuando me tuve fe perdí y cuando nada esperé obtuve reconocimiento. Siempre me ha sido difícil estar de acuerdo con los fallos, pero no por la suerte de mis trabajos, sino por considerar que alguna otra obra ajena era mejor a la elegida. Debería escribir algo sobre los gustos, dicen que sobre gustos no hay nada escrito y vox populi vox dei.
¿Cómo reaccionas a los comentarios negativos de tus lectores?
¿Los tengo? ¡Pues que me avisen!
Apenas terminar suelo dar a leer mis trabajos a varias personas amigas para apoyarme en sus puntos de vista. Cuando son acertados los acepto y realizo los cambios pertinentes. En infinitas oportunidades ha ocurrido esto. Cuando entiendo que el lector tuvo un error de apreciación o comprensión reviso la prosa a efectos de determinar si contiene la claridad suficiente, o si algo de ella lo ha inducido a error, luego obro en consecuencia. Hay lectores presos de su propia circunstancia y analizan el texto según ella. Otros al leer van psicoanalizando al autor (sobre todo cuando son muy allegados) y esto también los lleva a conclusiones erróneas. Pero jamás discrepo, respeto el derecho a opinar que todos tenemos.   
En tu opinión que piensas. ¿Cuándo critican un libro sin haberlo leído; solo porque el autor no es de su agrado?
¿Existe esa gente? Me cuesta opinar sobre alguien que obre así, sobre todo cuando nada tiene para ganar más que el daño ajeno. Todos los autores tienen trabajos buenos y malos, sólo sobre ellos se debería juzgarlos. Bukowski era borracho y jugador, pendenciero, vago, pegaba a sus parejas... De seguro no ha de ser buen modelo de vida para nadie. Pero llegó a ser el principal exponente del “realismo sucio” (en gran parte siguiendo los pasos estilísticos del gran John Fante) y a ser imitado por muchos escritores. No me gusta su estilo de vida, pero he hallado deleite en todas sus novelas y lo recomiendo.
¿Qué es más importante al elegir un libro,la popularidad del autor o que realmente la historia te trasmita desde principio a fin?
La popularidad es algo a tener en cuenta, pero no siempre es sinónimo de calidad. He leído todo Stephen King y tanto me he maravillado como también me he fastidiado. En cuanto a lo que trasmita la historia sólo lo sabré luego de haberlo leído. Para mí cuenta mucho la caratula, lo que diga de la trama la encuadernación, y lo que me dejen esos tres o cuatro párrafos a medio libro que suelo leer mientras me domina la duda.
Un día tuve “Código Da vinci” a mi disposición. Venía precedido de mucha promoción y una película se rodaba en los sets de filmación. La temática me interesaba mucho (yo la había abordado en “Jaque de Hackers”) trataba de sectas y teorías conspiratorias. Luego de analizar el aspecto exterior pasé a la parte medular: leer algo del contenido. De seguro lo abrí en la página equivocada a los intereses del autor. Allí se narraba que Robert Langdon, reconocido lingüista, profesor de iconografía religiosa de Harvard, volaba en un avión. Robert leía tranquilamente cuando un enigmático párrafo del libro atrae su curiosidad, él jamás había visto algo semejante.
De seguro que la edición hizo algo burdo el asunto, lo cierto es que apenas ver aquello me dije: “esto puede leerse con facilidad ante un espejo”. Así que me planté ante un espejo y pude comprobar y conocer el contenido de tan enigmático mensaje. Era imposible continuar. Si yo, el recién caído hermano menor de Juan de los Palotes podía descifrar aquello... ¿Cómo el tal políglota no iba a poder hacerlo? De inmediato perdí interés en algo que quizás me hubiese agradado. Nunca lo sabré pues tampoco acepté ver ninguno de los films de la saga.
El libro no sólo depende de quien lo ha escrito, también depende de quien lo lee. Un buen libro en manos de un inculto puede lograr un desconcertante comentario y un libro desastroso podría ser tratado de panacea cuando es el primer libro abordado por un ignorante.
Creo que lo más importante es la sonrisa al finalizarlo, nuestro estado de ánimo. ¿Te apena y quisieras seguir leyendo o maldices haber perdido el tiempo? Entre ambos extremos se halla el noventa por ciento (o más) de la literatura. Y, entre cientos de libros que he leído, también he conocido ambos extremos.
En tu opinión que piensas del relleno en exceso en libros.
No debe existir en relatos, es pecado. En el caso de las novelas suele permitirse, pero molestan cuando son triviales o apartan demasiado de la trama. En el primer libro de la saga Millennium la protagonista se detiene en una tienda y compra cepillo de dientes, ropa interior, cremas tales y cuales... Una página, o más, con semejantes detalles innecesarios. Es una obra de gran popularidad, se han realizado dos versiones cinematográficas diferentes, me han gustado. Pero le recrimino a Stieg Larsson aquellos detalles superfluos.
Menciona dos libros de escritores independientes que recomendarías. ¿Porqué?
Creo que todos han sido en sus inicios escritores independientes. ¿Vale la respuesta desde este punto de vista?
He notado que en la actualidad muchos escritores jóvenes enfocan su temática a la fantasía, con gnomos y seres extraños que deambulan por mundos exóticos, como si “El señor de los anillos” estuviese estallando a cada momento en otros tipos de fauna. También abordan hasta el hartazgo en epopeyas de zombies... ¿Es tendencia mundial y satisface la actual predilección juvenil? Ha de ser así, por lo general escribimos sobre aquello que nos seduce y podría comprender si tales temáticas están de moda. Sólo espero que algunos sean estrictos en cuanto a calidad literaria, nunca lo podré comprobar, pues ni siendo pago me detendría ante una de esas historias.
¿Si tuvieras algún poder cual sería? ¿Para qué lo usarías?
No sé cuál sería. ¿Cuál querría? El de catalizador. Ser una enzima con el poder de conciliar, de poder hallar mediante la razón una idea capaz de unir criterios divididos. Por lo general se basa en transmitir sensatez y sentido común a caprichos y extravagancias.
¿Qué cambiarías de las personas, para tener un mejor lugar para vivir?
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Les quitaría el egoísmo haciéndoles ver la satisfacción que se encuentra en el acto de dar por el mero hecho de compartir, ser útil y colaborar sin interés alguno. Me resulta imposible comprender la existencia de fortunas inconmensurables en manos de una sola persona mientras miles de niños mueren de hambre a diario. ¿Existe alegría mayor que asumir la posibilidad de alimentarlos? ¿Por qué nadie lo hace? El amor por el dinero es diabólico, perverso. A todos nos gusta el confort, vivir bien, viajar, comer sabroso y abundante, y para eso no se necesita ser millonario. ¿Verdad que quien más quien menos casi todos lo hacemos? Ha pasado el tiempo y noto que hay cosas que nunca llegaré a comprender.
¿Cuál es tu mayor temor? ¿Por qué?
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A mi edad (he pasado el medio siglo) el único temor es a las perdidas irreversibles, sucesos que sabemos nos habrán de afectar y nunca estaremos listos para sobrellevar. Aquello que le puede ocurrir y afectar a un ser querido. A la impotencia de no poder hacer nada para ayudar.
Si tuvieras la opción de convertirte en un animal o planta. ¿Cuál sería? ¿Por qué?


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Un ave voladora. Cualquiera, no tiene por qué ser un halcón o un colibrí, basta que vuele. Es maravilloso el don de volar. Odio ver pájaros enjaulados.
¿Qué tan importante es interactuar con tus lectores?
Entiendo que es importante en la medida que puedan intervenir o colaborar en la tarea de creación. Cuando el producto está a la vista la interacción pasa a formar parte de la vanidad. Me cohíben los elogios. Mi interés sería sólo por la curiosidad de ver el alcance que ha tenido determinada idea manejada en la prosa.
Comparte una foto que contenga, un recuerdo grandioso para ti y explica ¿Por qué? 
En la foto estoy junto a mi primera hija recién nacida minutos después de haber llegado a casa. Sé que la foto anda por ahí, pero no tengo una en iguales condiciones con mi otra hija. Imaginémosla.
Describe un lugar que represente a tu ciudad.

Resultado de imagen para La rambla. Montevideo
La rambla. Montevideo tiene una hermosa costa de playas que suele estar muy concurrida los fines de semana soleados. Los niños corren, los viejos conversan, los jóvenes flirtean, otros pasan en auto y otros más, como yo, cavilan, permitiendo que el silencio descienda al atardecer.
Por último. ¿Qué experiencia te ha dejado todo lo que has hecho?
La experiencia me ha dicho que se equivoca quien piense que para ser escritor alcanza con escribir. No alcanza ni siquiera haciéndolo bien. Esa es apenas la mitad de su tarea. La otra parte, justamente aquella que me he negado a asumir, redunda en activas relaciones públicas, moverse en el ámbito literario local e internacional persiguiendo entrevistas y medios de promoción, gritar a los cuatro vientos que no hay obra más maravillosa que la propia, parecer ufano existiendo bajo esa piel, ver al auditorio con mirada condescendiente, perder la oportunidad de escribir la obra suprema por cumplir con lo anterior.
Pero a veces uno se equivoca. Siempre me dije que mi tarea era escribir, que, si alguno de mis trabajos valía la pena tarde o temprano brillaría, saldría a flote, se haría notar. Craso error. No tuve en cuenta que de nada sirve la mejor obra literaria si nadie más que el escritor (sumemos allegados varios, da igual) la lee. El libro debe llegar a otras manos, manifestarse lejos, arribar a lugares inalcanzables para la mera sonrisa del autor...
En eso estamos. 
Menciona los libros que son de tu autoría.


 



Para  concluir,    agradecemos  al  escritor   por la amabilidad  de  contestar;  nuestra pequeña  entrevista. ¡Listos! Ya  conocen, un poco más  a  nuestro invitado. ¡Atrévete!  leyendo sus libros.

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